Dicen que el día de ayer, especialmente la noche, el apoteosis despertado en Kiev con la celebración del “ Festival de la canción de Eurovisión ” (así se llama oficialmente), fue tal que reunió, como viene siendo una tradición (impuesta desde arriba, claro está) en lo que la Constitución bautiza como España, a todas las familias, a todos los bandos políticos, a todos los colores de piel, creencias religiosas, y afines o no a la “diversidad” que tanto se esfuerzan en promocionar, a saber con qué intenciones. Toda, o prácticamente toda la ciudadanía española anoche, en el horario comprendido entre las 22:30 y la 1 o 2 de la madrugada (ignoro la hora en la que cierra el festival), estaba frente al televisor vibrando con cada país participante, como si de una final de la eurocopa se tratase, y aclamando a voces uno, el suyo o el que sienten suyo, a pesar de que en su interior saben que el premio solo se lo dan a aquellos países que encajan con la ideología dominante en el contex...
Pensamientos para unos de poco valor e importancia, pero para otros de una calidad y una estima consustancial que permita escalar en su eterno proceso de aprendizaje.